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Nº de habitantes: 15.592 (Censo 1/1/2004)
Altitud: 340 metros
Distancia a Murcia: 34 Km
Lugares de interés: Castillo de los Fajardo, Castillo de los Vélez, Santuario del Niño de Balate, Real Monasterio de la Encarnación
En
campo de plata un castillo en el centro del blasón; sobre él, un
aguila negra con las alas extendidas. Debajo de la fortaleza una
mula vuelta hacia la izquierda. A veces se ha reproducido con dos
mulas a los lados del castillo
En las noches de mayo el cielo de Mula es un bullir de estrellas.
Una luna mora ilumina las montañas y las tiñe de un azul
misterioso. Sabido es que Alfonso X, filósofo, poeta y astrólogo,
creía en la influencia de las piedras y de los astros. Cuando aún era Infante, pertrechado de ballesta y armadura, cabalgaba de anochecida por esta vega hacia las estribaciones de Espuña para cazar rebecos y jabalíes.
Según el Libro de la montería de Alfonso XI, en aquellos años había abundancia de osos en todos los montes del interior de Murcia (existen sorprendentes testimonios de partidas de caza por las sierras de Lorca, y en antiguos textos árabes -las muy nobles fieras de Al-Andalus-, se confirma la presencia de osos que los notables musulmanes mataban a lanzazos, junto a las playas de Águilas).
A mediados del siglo XIII, Cartagena, Lorca y Mula eran los únicos enclaves del Reino de Murcia que oponían resistencia al Infante. Tras prolongado asedio al castillo de Mula dirigido por Pelayo Correa, maestre de la orden del Temple, el propio Infante envió un ultimatum al alcaide, Alboazen Boely, que se negó a entregar la villa con una frase retadora: 'Ganarás la ciudad cuando la mula haya parido'.
Cuando la respuesta llegó al campamento era noche cerrada. En el cielo de mayo bullían los astros y una luna árabe iluminaba las montañas tiñéndolas de un azul misterioso. Alfonso X, que probablemente observaba la corona de estrellas de Ariadna, montó en cólera, formó a su ejército, asaltó la fortaleza, liberó a mil cautivos cristianos, tomó posesión de las casas y tierras de labor, consagró dos mezquitas y regresó a Toledo dejando en el castillo para su defensa a ochenta caballeros, comendadores, ricos hombres y nobles adscritos a órdenes militares.
Desde entonces, en esta población levantada a orillas de un riachuelo, con buenos muros y en lo alto fuerte alcázar torreado, que rendía pan, vino, aceite, toda clase de frutas, pasas, hortalizas, seda, aves, caza y, a media legua, salutíferos baños, se perciben las huellas de aquellos hijosdalgos que trajeron sus armas y apellidos desde Galicia, León, Vizcaya y Castilla.
El eco de los Saavedra, Luna, Párraga,
Melgarejo, Llamas, Camacho, Campos, Valcárcel, Sánchez de
Galinsoga, Blaya, Molina, Guillén, Aparicio, Cueto, Portillo, Coy,
Pelayo, Hita o Carreño discurre por las calles sinuosas y
arriscadas que preceden al castillo de los Fajardo, como si aún
celebraran la victotoria acaecida el 23 de mayo de 1243.
La villa de Mula conserva el mismo pendón, sello y escudo
que, entre otras mercedes, le otorgó Alfonso X en agosto de 1245:
un águila negra con las alas extendidas planeando sobre un torreón
orlado con varios castillos. La fortaleza se alza entre las vegas
de los ríos Mula y Pliego. Trazada por Luis Fajardo, a
instancias del marqués de los Vélez, terminó de construirse hacia
el año 1524, bajo el reinado de Carlos V: Imperante Carolo V
Cesare Hispaniarum Rege, Domino suo, según reza una lápida en
la que se asegura que el castillo se levantó sobre una anterior
fortaleza visitada por el emperador Antonio Augusto Pío (en
realidad la lápida fue colocado por el marqués de los Vélez para
ajustarse a una orden del emperador que autorizaba la
reedificación de viejos castillos pero negaba las nuevas
construcciones).
No es el único reducto defensivo de la
zona. La comarca de Mula es tierra de castillos, prueba de la
importancia que los árabes concedieron a este enclave. Cinco
kilómetros al este de la villa, sobre un cerro en forma de
pirámide, amesetado en su cumbre, el llamado castillo de Alcalá
(Puebla de Mula) vigila el curso del río. La construcción conserva
restos de algunas torres, un amplio lienzo de muralla y, en su
interior, doce aljibes rectangulares (al oeste del cerro hay una
senda horadada en la roca que permite el acceso).
Otra atalaya, conocida por los habitantes de la Puebla como La
Ermita, domina el cauce del río Mula desde la propia
población. Se trata de una torre cuadrangular de notables
dimensiones de la que sólo es visible el lienzo amurallado de la
puerta de acceso y un costado, pues está rodeada de viviendas.
Mula aún ha de depararnos una gratísima sorpresa.
El Museo de Arte Ibérico formado con los fondos arqueológicos del
santuario y necrópolis de El Cigarralejo excavados durante
cuarenta años por un muleño ilustre: el arqueólogo Emeterio
Cuadrado. Instalado en el antiguo palacio del marqués de
Menahermosa, la valiosísima colección de armas -única en la
península-, ajuares, cerámica y aperos de labranza muestra la
evolución de un poblado ibero entre los siglos IV al II a. d.
Cristo.
ECONOMIA
La economía de Mula se sustenta principalmente
de explotaciones agrícolas (árbolado de secano) y algunas
explotaciones ganaderas. La industria manufacturera en Mula tiene su
mayor inversión en el sector de la alimentación y de las bebidas.
En la actualidad se han comenzado con las obras de la 1º fase del
polígono industrial 'El Arreaque' de Mula, situado en la
carretera de Mula-Yechar.
LEGADO HISTORICO
Un manucristo fechado en 1750 afirma que
Mula fue fundada 1.300 años antes de Cristo por los griegos zacintos,
que vinieron a España desde la isla de Zante: 'Bajo el dominio de
Sículo le pusieron por nombre Salonac; destruída Troya, este pueblo
se amplió con la llegada de muchos griegos y mantuvo dicho nombre
hasta que vinieron los Romanos, que se lo mudaron por el de Lavinia,
en memoria de la mujer de Eneas'.
Tras la invasión musulmana, los árabes la
llamaron Mula, topónimo árabe que significa "señora de muchos
lugares", pues tenía bajo su jurisdicción Albudeite, Bullas,
Campos del Río y la Puebla. Otros historiadores discrepan de esta
acepción y atribuyen el nombre de Mula al derivado de muela rocosa o
a la frase pronunciada por el alcaide moro cuando Alfonso X le
conminó a rendirse: 'Ganarás la ciudad, cuando la mula haya
parido'.
En cualquier caso, la historia de Mula está escrita en los 87
yacimientos de dintintos períodos culturales incluídos en su
reciente Carta arqueológica, que pone de manifiesto la enorme
riqueza de este municipio desde la Prehistoria hasta el siglo XVII.
Vestigios cerámicos del período eneolítico hallados en el campo del
Cajitán, los argáricos del castillo de Alcalá, los ibéricos de El
Cigarralejo, los romanos de Villaricos y Caputa, y los
musulmanes de las fortificaciones de la Puebla y de la propia
villa, evidencian su importancia histórica. Los árabes, conscientes
de su privilegiada situación, fomentaron el incremento demográfico
en las laderas del fuerte y bien torreado castillo.

Mula fue una de las siete ciudades que
se integraron en la Cora de Todmir al suscribir el pacto de
Teodomiro. En 1430, el Rey Juan II nombra Adelantado del Reino de
Murcia a Alonso Yáñez- Fajardo y le entrega el señorío de Mula por
el apoyo prestado en la lucha contra el marqués de Villena.
Esta concesión originó numerosas disputas entre sus sucesores -los
marqueses de los Vélez- y la población, que concluyeron tras el
levantamiento comunero de 1520 y el llamado pleito de Mula contra
los señores feudales que se prolongaría durante trescientos años.
Mula, alejada de los avatares fronterizos, vivió años de prosperidad y desarrollo que sólo se vieron afectados por las generalizadas epidemias y la guerra de Sucesión. En 1812 fue saqueada por el ejército francés.
PATRIMONIO ARTISTICO
Sobre cimientos romanos y árabes, el primer marqués de los Vélez,
Pedro Farjardo y Chacón, construyó el castillo en 1524. La
fortificación, recientemente restaurada, tiene plaza de armas, foso,
galerías de ballesteros y torre del homenaje, donde se encuentra la
lápida que conmemora su construcción.
Desde la torre, a la que se accedía por medio de un puente levadizo,
se divisa la Puebla de Mula y el castillo de Alcalá. Declarado en
1981 conjunto Histórico Artístico Nacional, el casco antiguo
de Mula atesora edificaciones civiles y religiosas de diferentes
épocas y estilos.
En la plaza Mayor puede visitarse la parroquia de San Miguel (siglos
XVI y XVII). Tiene planta de cruz latina con una sola nave y seis
capillas. Guarda una notable colección pictórica -132 óleos de los
siglos XVI al XIX- donada por Pilar de la Canal y Rosique, junto a
otros cuadros y tallas propiedad de la parroquia destinados a formar
parte del museo de Arte Sacro.

Un vasto conjunto forman el Convento de San Francisco y la
iglesia de la Purísima, construídos entre los siglo s XVI y XVIII.
La fundación del convento (1574) se atribuye al tercer marqués de
los Vélez. Tras diversos avatares, en 1873, a raíz de la
desamortización de Mendizábal, el edificio se vendió por 36.600
reales, y la iglesia de la Purísima se convirtió en efímero teatro
(llegó a representarse el Tenorio). Las restantes dependencias se
destinaron a vivienda y posada.
En 1894 se abrió de nuevo al culto, pero tres años después las pocas
imágenes que quedaban fueron trasladadas a San Miguel y la iglesia
volvió a cerrarse. Después de la guerra civil hizo las veces de
cárcel y de silo para almacenar cereales.
El Ayuntamiento, que ya ha adquirido y restaurado parte del
convento, se propone adquirir la totalidad del conjunto. La iglesia,
de portada renacentista con arco de triunfo sustentado por pilastras
jónicas, tiene una hornacina que hace años albergó la imagen de San
Francisco. La planta es de cruz latina; posee una amplia nave
central y seis capillas con bóvedas de crucería. Desde el espacioso
coro se accede al campanario.
La iglesia muestra dos épocas diferentes: la del siglo XVI,
caracterizada por un bellísimo artesonado de madera decorado con
motivos florales, y la del XVIII en que se amplió la primitiva
estructura.
La parroquia de Santo Domingo data también
del siglo XVI. Adosada al templo está la capilla del Rosario de
estilo barroco y planta de cruz griega. La Ermita del Carmen,
edificada sobre los restos de una mezquita, y el monasterio de la
Encarnación, una de las joyas arquitectónicas de la villa, son otras
de las huellas que dejó el barroco.

El monasterio, levantado en el siglo XVI, consta de tres cuerpos con
bóvedas de arista y hermosos artesonado. Guarda una relevante
colección de óleos, esculturas y orfebrería. Es aconsejable un
recorrido por las calles del Marqués, Valmarino y San Francisco para
apreciar la belleza del casco histórico de Mula, donde se conservan
mansiones del siglo XVIII que lucen en sus fachadas sillares
labrados, blasones, y espléndidas rejerías de forja (casa de los
Zapata, Blaya, Pintada, Cobos y marqués de Menahermosa, donde se
ubica el Museo de Arte Ibérico).
Tal y como se describía la villa en 1657, a escasa distancia se
encuentra la pedanía de los Baños de Mula. Por sus casas
fluyen a treinta grados aguas ferruginoso-ácido-salínicas
recomendadas para procesos reumáticos. No hace muchos años se las
consideraba útiles contra la esterilidad. Algunos baños de este
singular balneario, utilizado por romanos y árabes, han sido
remozados.
FIESTAS Y TRADICIONES
Mula conserva una tradición que probablemente tenga su origen en
aquellos hidalgos que acompañaron al Infante Alfonso en el asedio de
la villa: el Martes Santo, a las doce de la noche, los
muleños celebran una tamborada que se prolonga durante 24
horas.
Vestidos con túnicas y capirotes negros, más de 12.000 tamboristas
redoblan sus instrumentos apenas el cornetín de órdenes resuena en
la plaza del Ayuntamiento. En los últimos años se desplazan desde
Moratalla y Hellín otros tamboristas que compiten con distintos
redobles. El arraigo del festejo y la afluencia de visitantes ha
obligado a reproducirlo durante el Viernes Santo y el Domingo de
Resurrección.
Declarada de Interés Turístico Regional, la tamborada abre los
desfiles de Semana Santa. La procesión de la Samaritana,
organizada por la Hermandad de Nuestra Señora del Carmen es la más
antigua (1606).
El arraigo de la tamborada ha propiciado la existencia en Mula de
tres talleres artesanales. El tambor se compone de una chapa
metálica circular y dos pieles -una de cabra y otra de oveja-
sujetas por sendos aros de madera atornillados. El puente y los
bordones proporcionan la musicalidad al instrumento. El Jueves
Santo desfila la procesión de Jesús Nazareno y a medianoche la
del Silencio.
Tres imágenes comparten el fervor del pueblo muleño: El Niño de
Balate, cuya hermandad ha iniciado los preparativos del Año
Jubilar, la Virgen del Carmen y San Felipe, patrón
oficial de la villa.
Las Fiestas Patronales tienen
lugar en la segunda quincena de septiembre, llevándose a cabo
distintas actividades lúdicas, deportivas, culturales y deportivas,
además de las acostumbradas procesiones y romerías. El Niño de
Balate goza de la devoción de toda la comarca desde el siglo
XVII, al igual que San Felipe, cuyos restos fueron enviados en 1648
por la marquesa de los Vélez para atajar la epidemia de peste.

El 15 de mayo, festividad
de San Isidro, se celebra un desfile de características
huertanas, con actuación de rondallas y grupos de baile.